La cadena canadiense Indigo apuesta por la experiencia lectora a través de sus librerías
Lorenzo Herrero, 10/05/2019
De los calcetines de leer a las vajillas, la cadena de librerías se ha convertido en una librería que integra de manera magistral productos que no son libros.

Una de las tiendas de Indigo en Toronto | © Raysonho @ Open Grid Scheduler / Grid Engine
Una de las tiendas de Indigo en Toronto | © Raysonho @ Open Grid Scheduler / Grid Engine
En un momento en que las librerías viven cada final de mes como funambulistas, la cadena canadiense Indigo, la más grande del país, ha ido un paso más allá. Estamos acostumbrados a encontrarnos librerías-cafetería, enotecas-librería, librerias-papelería o librerías llenas de merchandising de las grandes sagas como el Señor de los Anillos, Harry Potter o Juego de Tronos. Sin embargo, Indigo ha hecho de sus librerías un espacio orientado a la compra de libros y de artículos que mejoran la experiencia lectora. Así, podemos encontrar entre las estanterías de sus más de 200 tiendas los ya famosos "calcetines de lectura". Los calcetines de lectura son el ejemplo paradigmático de lo que esta cadena pretende, según cuenta Heather Reisman, directora ejecutiva de la cadena, la idea surgió gracias a una conversación con la escritora Margarte Atwood. En aquella conversación, Atwood le comentó a Reisman que estaba deseando llegar a casa, ponerse un par de calcetines cómodos y ponerse a disfrutar de un libro. Aquella conversación, aparentemente inocente, en la mente de Reisman se convirtió en una idea de negocio, los "calcetines de lectura", uno de los principales artículos de regalo que se pueden encontrar en las tiendas de Indigo.

Tras los calcetines llegarían esterillas de playa, almohadas, velas aromáticas, cuchillos para cortar queso... Artículos para mejorar la experiencia lectora. Sin embargo, Indigo ha ido más allá, hoy, 89 de sus 200 tiendas en Canadá, son "supertiendas". Es decir, tiendas donde además de comprar libros, son un gran espacio de venta minorista. Un concepto que va más allá de la mera librería y les acerca al modelo Amazon. No obstante, según declara Reisman a El Empresario (Uruguay), "No estamos buscando ser la tienda de todo. Alguien ya está haciendo eso", en una clara alusión a Amazon. Reisman ha reinventado a la cadena como una marca de estilo de vida curada, con secciones dedicadas a comida, salud y bienestar y la decoración del hogar, además de los libros.

Actualmente Indigo trabaja en exportar su modelo a Estados Unidos, donde ya dispone de cuatro tiendas. Resulta interesante contrastar el éxito de Indigo frente a los graves problemas que afrontan las cadenas de librerías en Estados Unidos en esta década: Borders se declaró en bancarrota en 2011, o Barnes & Nobles ha cerrado cerca de 100 tiendas en los últimos años y fue puesta a la venta el año pasado. Reisman ha puesto a Indigo en una posición privilegiada en el mundo de las librerías gracias a su capacidad para integrar libros y productos que no son libros en un mismo espacio, sin perder la esencia de lo que es una librería, sin resultar abrumadora y sin parecer un supermercado.

Indigo abrió su primer concepto renovado de tienda en 2016. El nuevo enfoque demostró ser lucrativo: en su año fiscal 2017, los ingresos de la empresa superaron los 1.000 millones de dólares canadienses por primera vez (unos 660 millones de euros al cambio actual). En su año fiscal 2018, Indigo reportó un aumento de ingresos de casi 60 millones de dólares canadienses (40 millones de euros) frente al año anterior, lo que lo convierte en el año más rentable de la cadena.

Lo que está claro es que las librerías siguen atrayendo público, quizá la clave está no en buscar atraer más público, sino en tratar de aumentar los ingresos. Indigo, parece ser un ejemplo de ello. Ahora cabe preguntarnos, ¿este modelo puede replicarse en nuestro mercado del libro en español, o es propio de la idiosincrasia norteamericana?

Puedes leer este artículo gracias al patronazgo de Bookwire.
[10/05/2019 12:57:36]