Qué está sucediendo en la industria editorial argentina II
Antonela de Alva
Exportar libros a países rentables

De acuerdo a estadísticas presentadas el año pasado por la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP) y un relevamiento de la Cámara Argentina del Libro (CAL), la caída del empleo indirecto para los libreros fue del 15 % mientras que en la industria gráfica, de acuerdo a lo informado por la Federación Argentina de la Industria Gráfica, hubo más de 5.000 empleos directos menos. Más de 40 librerías pequeñas de todo el país cerraron sus puertas, además de 30 independientes que cerraron sus sucursales o fueron absorbidas por grandes cadenas. Otra cantidad, aproximadamente, 80 tienen problemas en la cadena de pagos.

Andrés Belaustegui | © cortesia
Andrés Belaustegui | © cortesia

A pesar de estas cifras, el libro parece tener su destino en el exterior y es una de las pocas ventajas que señalan la mayor parte de los entrevistados. «En los últimos años se han derogado varias disposiciones que han mejorado la operatoria del comercio exterior (por ejemplo, la derogación de la Resolución ex S.I.C. y M° 453/2010 y Disp. D.N.C.I. N° 26/2012 que establecía el análisis de todo libro importado para demostrar la ausencia de plomo en las tintas, la eliminación de las DJAI y la eliminación de la obligación del ingreso de divisas en el caso de las exportaciones). También la devaluación del peso argentino provoca que el precio de los libros argentinos sea más competitivo en el exterior», explica Rozas de Grupo Claridad. «De todos modos, para exportar se necesita cierta estabilidad a mediano largo plazo. No alcanza con una coyuntura de precios favorables. Las crisis siempre han dejado a la industria en una situación muy difícil de remontar», contrapone Andrés Belaustegui.

«Los precios son más competitivos para exportar, pero las consecuencias son la pérdida de puestos de trabajo. Las editoriales deben reventar sus stocks para subsistir, lo cual hace que cuando el ciclo cambie las empresas se encontraran descapitalizadas, esto si aguantan y no cierran antes”, asegura Rainone de Editorial Guadal.

En este marco, se buscan nuevas posibilidades que no siempre terminan siendo la opción más rentable. «Esta crisis nos está forzando a pensar estrategias para producir en “impresión bajo demanda” y de esa manera poder bajar los costos de importación y tener un PVP local (Precio de Venta al Público) no tan alto. Una buena noticia para editores/distribuidores/libreros es la ley que está a punto de reglamentarse que nos permitirá recuperar IVA del pago de otros impuestos», informa Martínez de Riverside Agency.

La CAL, compuesta por las pequeñas y medianas editoriales y las universitarias, informó el año pasado que en el primer semestre de 2016 se publicaban más de 10,6 millones de libros, en la primera mitad de 2018 apenas se pasó los 6 millones de ejemplares.

El aumento de tarifa, altas tasas de interés, devaluación monetaria y una inflación en alza constante que genera recesión provocaron la disminución del consumo de artículos que no son de primera necesidad como ir al teatro, cine y comprar libros.

La CAP, señaló que en el 2016 empezó la caída de ventas con una baja del 12 %. Como cámara que nuclea al 70 % del mercado, también indicó que la importación bajo un 10 %.

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[11/06/2019 20:09:36]