Huellas
América Gutiérrez - El Sótano, 02/12/2019
La FIL ha comenzado y la recorremos de la mano de América Gutiérrez de Librerías El Sótano

Más que anunciar nuestra llegada a FIL Guadalajara, resulta hermoso pensar en el retorno. Regresamos a un espacio que nos permite poner el libro indicado frente al lector ideal, en el que el autor y su obra comparten el mismo lugar. Fue precisamente en el momento que bajamos del avión, cuando las descubrimos por accidente, estaban ahí, unos llamativos adheribles en forma de huellitas que nos indicaban el camino de vuelta.

A veces volver sobre nuestros pasos no es un retroceso es una especie de reconocimiento, de saberte parte de un todo en equilibrio. Estamos en la FIL, pero esta ocasión especias y polvos de colores inundan el ambiente. La FIL suena y llama la atención de oídos occidentales poco acostumbrados a sonidos de cuerdas polirrítmicas e insospechadas. El invitado especial viene de muy lejos, recorrió una distancia aproximada de 15,093 km para ser parte de este gran libro abierto.

En la India, tienen sus orígenes las cuatro lenguas más antiguas: el sanscrito, griego, latín y persa. Después de China, ningún otro país dispone de una tradición literaria de más de tres milenios. Es común pensar que lo escrito por aquellas latitudes tiene que ver con temas religiosos o es sobre deidades; sin embargo, la riqueza épica, dramática y lírica no tiene comparación. Este primer día celebramos también a un país que como el nuestro a intersección lingüística de muchísimas lenguas y dialectos. FIL reconoce el legado de la India con poesía, con fábulas, cuentos y novelas y, también con su invaluable literatura filosófica y científica. Si tú no vas a la India, la India vino a FIL.

Regresamos a FIL y también nos encontramos con novedades de viejos conocidos, como Markus Zusak, autor de La ladrona de libros, quien con una sonrisa traviesa nos cuenta un poco acerca del lento pero efectivo y numérico proceso de escritura de su más reciente novela El puente de Clay. Zusak hace cuentas: tardó trece años en escribir esta novela, lo que reduce algo aparentemente monumental a tan solo: 1.9 palabras por día. Reconoció que esta vez el camino para poner un punto final fue arduo y tortuoso. Durante más de una década, escribió, reescribió y reescribió nuevamente, tratando de perfeccionar cada oración, a tal grado que su esposa le pidió abandonar el proyecto o terminarlo de una vez por todas. Y lo consiguió, acabó con una novela ambiciosa antes de que ella acabara con él, aunque confiesa que tuvo que arriesgarse a perder al lector que ya sabía cautivo, para escribir el libro que quería escribir.

Recorrer una FIL multicolor nos pone alegres, a pesar de no haber comido a nuestras horas ni con la tranquilidad habitual. Caminamos al ritmo de percusiones y sonidos nos hacen olvidar los problemas técnicos y logísticos por lo que se pasa durante un primer día de feria. Entramos a unos de nuestros salones favoritos: el Juan José Arreola, elegimos esta presentación por el título del libro y porque descubrimos que es de una escritora mexicana; se titula La tristeza de los cítricos y reúne varios cuentos donde cada personaje parece haber adquirido esta enfermedad ataca a las plantas marchitándolas, robándoles su vitalidad, su color y su esencia. Liliana Blum aborda con oficio y elegancia, temas como la frustración, violencia e imposibilidad de comunicación. Cada cuento es una batalla íntima sometida a un complejo entorno social o económico, nadie sale sin raspones.

Corremos hasta el salón donde tenemos Una cita con la Lady, llegamos tres minutos tarde, ya platican animadamente Felipe Restrepo, Jorge F. Hernández y el autor Mateo García Elizondo acerca del ritmo narrativo de una novela tan singular, que como la heroína ingresa con rapidez al cerebro y se adhiere a los receptores opioides especialmente en las que están asociadas con las sensaciones de dolor y placer y las que controlan el ritmo cardíaco, el sueño y la respiración. Este libro provoca fuertes sensaciones y sentimientos encontrados. Que el lector que lo elija asuma las consecuencias de su trama argumental, intensidad narrativa y de los homenajes literarios en su estructura.

Ya son las 9, nuestro primer día llegó a su fin, los salones se van vaciando. Algunos lectores se dirigen a la salida con bolsas llenas de libros, otros aprietan contra ellos un ejemplar firmado y unos más revisan las fotos de la jornada a riesgo de tropezar. Caminan lento, como si no quisieran llegar a la salida. Las luces se van apagando, los stands despliegan telas que los cobijarán hasta mañana.

Vamos rumbo a la salida, cansados pero contentos de volver. Antes de enfrentarnos a la intemperie, para romper el monótono descenso por la escalera eléctrica, alguien susurra un pedacito del poema de Martha Medeiros:

“Muere lentamente
quien no viaja,
quien no lee,
quien no escucha música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.”

[02/12/2019 23:04:50]