Plataformas piratas de acceso abierto, una forma de desobediencia civil electrónica
Jack E. James * 03/03/2020
¿Es ético violar los muros de pago de las publicaciones académicas monetizadas?

El acceso abierto ha sido durante mucho tiempo un ideal de la publicación académica. Sin embargo, en contra de las expectativas iniciales, el coste del acceso a los conocimientos científicos publicados aumentó tras la llegada de Internet y el procesamiento electrónico. Un análisis de la ética de las disposiciones actuales en materia de publicaciones académicas muestra que la monetización y el secuestro de los conocimientos científicos detrás de los muros de pago violan el principio de equidad y perjudican el interés público. Tras decenios de esfuerzos fallidos por remediar la situación, existen motivos éticos para que los consumidores de conocimientos científicos invoquen el derecho a la desobediencia civil colectiva, incluido el apoyo al acceso abierto de los piratas. ¿Podría ser esta la mejor opción de la que disponen los consumidores de conocimientos científicos para eliminar los obstáculos al conocimiento que pertenece por derecho al dominio público?

El acceso abierto pirata generalmente se refiere al acceso no autorizado a la literatura científica secuestrada detrás de muros de pago. Su uso es común, como lo ejemplifica la gran plataforma pirata de acceso a materiales académicos, Sci-Hub, que proporciona la descarga directa a más de 50 millones de artículos de revistas científicas. Aunque existe un entendimiento general de que el acceso abierto pirata amenaza los intereses de los editores, se han analizado poco los posibles beneficios que conlleva el acceso abierto pirata para el interés público. Enmarcado como desobediencia civil electrónica, el uso de acceso abierto pirata puede ser visto como una acción legítima con el fin de iniciar una nueva era de acceso abierto universal, haciendo inviable la actual explotación con fines de lucro de los conocimientos científicos. Específicamente, parece que una proporción, al menos de la credenciales en línea que utiliza Sci-Hub para evitar las barreras de pago proceden de donaciones voluntarias de personas anónimas que tienen un derecho de acceso legítimo. Sin embargo, también parece ser que muchas de estas credenciales en línea se obtuvieron por medio de phishing o suplantación de identidad.

En cualquier caso, el uso del sitio ha crecido rápidamente, con millones de usuarios en todo el mundo que descargaron unos 28 millones de artículos en los 6 meses anteriores a marzo de 2016 (Bohannon, 2016). En marzo de 2017 se estimaba que la plataforma albergaba alrededor de 80% de todos los artículos publicados en revistas científicas.

A pesar de su evidente popularidad, Sci-Hub provoca opiniones contrarias, incluyendo un nivel palpable de inquietud respecto a su papel y futuro en la publicación académica. En un reciente análisis a gran escala sobre la prevalencia e impacto de la publicación de acceso abierto, este se definió de manera que excluyó de la consideración al acceso abierto pirata y a Sci-Hub. El impulso para ignorar a SciHub parece provenir de la opinión de que su cuestionable legalidad se adelanta a cualquier consideración que se haga sobre el papel que podría tener en el avance de las aspiraciones del acceso abierto. Sin embargo, a la luz de las pautas de uso actuales, los análisis que utilizan definiciones de acceso abierto que niegan la existencia y el impacto actual del acceso abierto pirata difícilmente puede esperar producir recomendaciones sólidas para resolver los dilemas actuales sobre la publicación académica. Además, la exclusión preventiva de Sci-Hub como plataforma ilegal ignora el derecho que tienen los ciudadanos en las sociedades democráticas a desafiar, incluso por medio de desobediencia civil cualquier convención legal percibida como injusta.

¿Qué se puede decir de la legalidad de Sci-Hub? En 2015, Elsevier, la mayor editorial académica del mundo presentó una demanda en los Estados Unidos contra Sci-Hub alegando que opera como «una red internacional de piratería infringiendo los derechos de autor», incluyendo la reproducción y distribución ilegal de copias de las obras de Elsevier con derechos de autor y los derechos de autor de obras de otras editoriales. En 2017, el tribunal falló a favor de Elsevier, concediendo al editor 15 millones de dólares por daños y perjuicios. En una demanda separada en 2017, Elbakyan y Sci-Hub se enfrentaron a cargos similares presentados por la American Chemical Society, interponiéndoles una nueva multa de 4,8 millones de dólares por daños y perjuicios. Aunque se han hecho intentos por dejar inactivos los dominios de Sci-Hub de acuerdo con una orden judicial, el sitio ha permanecido más o menos accesible de manera continuada a través de nombres de dominios alternativos. Y bajo el peligro de ser arrestada por piratear, Elbakyan permanece en la clandestinidad y fuera del alcance de una posible extradición a estados Unidos.

El Movimiento de Acceso Abierto expresa opiniones similares a las del programador y activista informático americano Aaron Swartz. En Guerrilla Manifesto de Acceso abierto, Swartz articuló las bases del movimiento de que la ciencia debe ser publicada «bajo condiciones que permitan a cualquier persona acceder a ella». Después de descargar en masa documentos académicos en 2011, Swartz fue arrestado por cargos similares a los que fueron más tarde esgrimidos contra Elbakyan y Sci-Hub. En 2013, enfrentando devastadoras penas financieras y una potencialmente larga sentencia de cárcel, Swartz se suicidó.

Sin embargo, muchos de los usos de Sci-Hub tienen más que ver con la conveniencia que con la protesta, muchos usuarios que tienen legítimo acceso a artículos y que, supuestamente prefieren Sci-Hub porque ofrece una experiencia mejor (Gardner, McLaughlin, & Asher, 2017). Podría decirse que los ciudadanos no deberían infringir las leyes por razones de mera conveniencia. A la inversa, tampoco debería la condición jurídica por sí sola ser la única consideración que obligue a los ciudadanos a cumplir con las leyes. Más bien, le corresponde a los ciudadanos concienciados considerar la justicia de las leyes y comportarse según dicte su conciencia. Bajo esa premisa, cuando la conciencia dicta, los ciudadanos tienen el deber moral de protestar por los gravámenes que consideran injustos. A veces, la objeción a los acuerdos injustos incluye la escalada de la protesta de conciencia al nivel de desobediencia civil si otros medios de objeción fallan.

Suponiendo pues que el ideal secular de maximizar el acceso al conocimiento científico sea de interés público, el principio de equidad justifica que los consumidores de conocimientos científicos consideren el estado actual de la publicación académica y hagan un balance de los imperativos morales implícitos.

* Esta entrada se publicó originalmente en inglés por Jack E. James en JASIST 2020. Early View

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