Lo esencial también se lee - El librero como faro
América Gutiérrez, 30/04/2020
La figura del librero cobra importancia en una situación de crisis

Ser librero va más allá de ser el encargado de “vender libros”. El verdadero librero, en la más amplia definición de la palabra es ante todo un lector y un apasionado de su oficio. Es un filtro que funciona como cuando purificas el agua, es el primer consumidor, el que da fe de la calidad de aquello que estará en las estanterías de una librería.


En Los demasiados libros, Gabriel Zaid menciona que «…un editor, librero, bibliotecario, antologador, crítico, bibliógrafo hace con los textos que no son suyos lo mismo que el autor hace con las palabras que no son suyas: conjuntos significativos y atractivos. Las constelaciones bien organizadas crean un valor agregado…» Cuando entras a cualquier librería es complejo encontrar el norte, saber hacia dónde dirigirte. La elección más obvia es detenerse en la mesa de novedades que se encuentra frenéticamente inundada de títulos, donde las propias editoriales intentan absorber la función del librero al promocionar sus libros con frases ambiguas.

Somos libreros que compartimos sin imponer, que desconfiamos de los algoritmos, aunque reconocemos su uso práctico. Ser librero en la actualidad no tiene nada que ver con aquella figura que se acerca a dar consejos magnánimos y guía cual Caronte al ver caminar a alguien con aire despistado entre pilas de libros. Hemos anticipado dar herramientas para que durante esta contingencia mantengamos una presencia constante, ya sea vía telefónica o digital. Somos libreros por vocación y esto nos abre la posibilidad de asesorar no solamente a nuestros lectores habituales sino también a los libreros independientes con los que colaboramos. Y lo más importante de todo, tener la información que se necesita es de alguna manera acompañar a quien regresará a la librería cuando esto pase.

Entre nuestros libreros destacan dos perfiles (alejados de bibliófilos, críticos o periodistas) en una contingencia como la que vivimos: el de aquellos y aquellas que han trabajado en el sector del libro toda la vida, acumulando experiencias en el mundo editorial o librero y el segundo, que no tiene que ver con la industria del libro pero tiene genuino amor y disciplina por la lectura y hoy trabaja en una librería.

La figura del librero cobra importancia en una situación de crisis, no es fácil elegir nuestras lecturas, incluso entre las que ya tenemos y no nos hemos atrevido a empezar. «Toda biblioteca personal es un proyecto de lectura», dice un aforismo de José Gaos también citado por Zaid. Es paradójico que aunque tengamos catálogos completos disponibles con un clic, el factor humano sigue siendo importante para un lector en ciernes o para aquel con un largo historial bibliófilo. Hay más libros que lectores, en esa inmensidad ¿cómo encontrar nuestro siguiente libro? No es una tarea que muchos quieran hacer solos, menos ahora, en condiciones de aislamiento social, la prescripción literaria es esencial.

El librero contemporáneo es un faro que resiste los embates de la mercadotecnia y mantiene su luz para enseñarnos el camino hacia lecturas que nos sigan llevando a más libros que complementen nuestros caminos o destinos literarios. Esta resistencia a lo homogéneo, a la novedad que es una llamarada de petate y a la mercantilización de la cultura. El librero representa confianza.

Hoy nos mantenemos en casa con la esperanza de superar una crisis de salud que ya cambió todo. Sin embargo, somos animales de hábitos y algunos conservamos la esperanza de reencontrarnos con nuestro librero tanto como con nuestro terapeuta o cantinero. Estos tres personajes son importantes en mayor o menor media, dependiendo de nuestra personalidad, pues con ellos siempre hay algo sobre lo cual conversar.

Que suerte tener una librería de barrio a unas cuadras de tu casa o acercarte a esa cadena de librerías como la nuestra, el sótano que en sus orígenes fue determinante para traer libros que no se conseguían en ningún lado, que en su momento, no hizo ningún tipo de distinción de creencia o ideologías para ampliar su catálogo. Lo cierto es que cada lector elige donde quiere y puede comprar sus libros.

Los libros no merecen ser tratados como simple mercancía y a los lectores como consumidores sin voluntad. El desafío en el mercado digital está en ser coherentes, El Sótano no ve la compra de libros como una mera transacción sino como una experiencia de vida, como un contacto vital con gustos, sueños y aspiraciones de nuestros lectores. No se trata solamente de lucha contra una lógica comercial o de algoritmos que determinan tendencias mundiales. Somos libreros, ante todo, disfrutamos compartir lecturas, escuchar a quien quiere leer y dar opciones con una jerarquía moral imposible de obtener en forma binaria.

No se puede ver a los libreros como personajes anacrónicos o impositivos, somos seres humanos que también estamos en casa buscando mantener la conexión con la comunidad de lectores que nos ha llevado tantos años construir. Seguimos explorando las herramientas digitales para abrir conversación, recordarnos que esto es temporal y que cuando superemos esta situación, seguiremos en la librería con ganas de encontrar esos libros que esperan por su lector.


América Gutiérrez
América Gutiérrez

América Gutiérrez reporta ahora desde Librerías El Sótano. Es guionista y productora que ha trabajado para Discovery Channel LA, History Channel, National Geographic, A&E, Instituto Mexicano de la Radio, Grupo Expansión, Penguin Random House, MVS Radio y Televisa. Colabora en programas itinerantes de fomento de la lectura. Siempre se pregunta ¿en qué se parece un cuervo a su escritorio?


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[30/04/2020 20:35:12]