«Contar con más y mejor información redundará, en primer lugar, en beneficio del negocio»
Lorenzo Herrero, 13/05/2020
Charlamos con José Diego González M, coordinador del área de Ecosistema del Libro del Cerlalc tras la publicación de «El sector editorial iberoamericano y la emergencia del COVID-19»

Ayer nos hacíamos eco de la publicación del CERLALC del documento El sector editorial iberoamericano y la emergencia del COVID-19, que no solo muestra la percepción del sector sobre el impacto del COVID-19, sino que además ofrece recomendaciones para la recuperación del sector editorial y comparte algunas recomendaciones para la recuperación del sector editorial. A raíz de la información que se desprende del documento hemos querido charlar con José Diego González, coordinador del área de Ecosistema del Libro del CERLALC.

A la vista de los datos del informe, estamos en una recesión severa en todos los ámbitos del sector, como el resto de las industrias. ¿Habría cambiado algo que, en mayor o menos escala, ya estuviéramos inmersos en un mercado predominantemente digital? ¿Es un aviso para marcar el rumbo futuro, multiformato?

Antes que nada hay que señalar que el informe ofrece una aproximación a la percepción de los actores del sector sobre las consecuencias de la crisis. Las previsiones que tienen editores, libreros, distribuidores, impresores es de una considerable baja en los ingresos: más de la mitad de las personas que respondieron al sondeo señalaron que estos se contraerían más del 50%.

Evidentemente lo digital ha supuesto una forma de amortiguar en parte las pérdidas para aquellas editoriales que contaban con estrategias de edición y distribución por este medio y de las librerías que venían vendiendo libros impresos en línea. Sin embargo, más que pensar en qué habría cambiado si ya hubiéramos estado inmersos en un mercado predominante digital, lo que definitivamente no se puede ignorar son los avisos de cara al futuro relacionados con la inserción del sector en el entorno digital, de lo cual dependerá su competitividad. Para las editoriales implica un llamado a acelerar la conversión de sus fondos a formato digital y a optimizar sus flujos de trabajo pensando en la edición multiformato. Y para las librerías, especialmente para las más pequeñas, a incursionar en la venta en línea. La solución puede estar en hacerlo asociadamente.

Ahora, como se anota en el documento, esto ha vuelto a poner de manifiesto carencias aún no resueltas que son indispensables pensando en esta reconfiguración. Por ejemplo, hoy una gran mayoría de países no cuenta con sistemas de gestión e intercambio de metadatos de la oferta editorial en venta ni tampoco con sistemas ni protocolos para la integración informacional de los actores de la cadena. No se puede perder de vista que hablar del sector editorial iberoamericano implica referirse a un conjunto heterogéneo y asimétrico, que se trata de países con marcadas diferencias, de todo orden que han condicionado a los sectores editoriales nacionales individualmente considerados.

La crisis se asemeja a una bajada profunda de la marea: muestra lo que había en el fondo, al lado de los barcos varados. La propia naturaleza del negocio editorial genera sobreproducción —como se indica en el informe—, algo que todos sabemos pero preferimos ignorar. ¿Ha estallado la burbuja de la sobreproducción? ¿Debe ser la sostenibilidad el objetivo prioritario?

En el informe se traen a colación algunos hallazgos de El espacio iberoamericano del libro 2018, un libro que el CERLALC publica cada dos años desde 2006. En la edición de 2018 dedicamos un capítulo a analizar los cuatro principales mercados del libro de América Latina —Argentina, Brasil, Colombia y México— en el periodo 2009-2016, para lo cual se recurrió a los informes publicados por los cámaras del libro de estos países. Este análisis puso en evidencia varios hechos. Primero, que aunque hubiera una reducción de los ingresos, no necesariamente disminuían los títulos publicados —un fenómeno, hay que decirlo, que se ha constatado en otros mercados en el mundo—. Segundo, el progresivo descenso de los tirajes promedio y tercero, particularmente en el caso de Argentina, la baja participación de las reediciones en comparación con las novedades. De igual modo, como evidenció la analista brasileña Mariana Bueno en un estudio del comportamiento de los mercados editoriales de ocho países durante la última década —Alemania, Brasil, Colombia, España, Estados Unidos, Francia, México y Reino Unido—, que se puede consultar en la página web del CERLALC, cuando se compara el comportamiento de los PIB con el desempeño real de los mercados editoriales se encuentra como denominador común que los mercados editoriales muestran cierta estabilidad en periodos de crecimiento económico y descensos más acentuados que los de las economías cuando estas se contraen. Todo esto para decir que el negocio editorial venía sometido a considerables presiones económicas y que una de las estrategias para compensar la baja en los ingresos y en los tirajes pasaba por la publicación de más y más títulos, lo que derivó en aumentos de las devoluciones, en una altísima rotación que no da tiempo a los títulos para encontrar su público, etc.

Uniendo las ideas de las dos preguntas, ¿cómo se caracterizaría una editorial digital y sostenible?

La pregunta es de gran complejidad porque para responderla no se pueden obviar dos aspectos del ecosistema cultural-medático estrechamente relacionados: la sobreabundancia de contenidos digitales y la feroz competencia por la atención de los lectores. Esto pone a las editoriales frente a cuestiones cuyas repuestas no son sencillas. Primero, el de la visibilidad de su oferta en medio de un contexto de sobreproducción y segundo el de ajustar la oferta a tanta demanda de nicho. ¿Cuánto de la sobreproducción de títulos a la que se hacía referencia en la pregunta anterior no tiene que ver con una forma de las editoriales de tratar de hacerse competitivas?

Dicho esto, para hacerse sostenible en el ámbito digital, una editorial debería reforzar sus canales de comunicación con los lectores y conocerlos cada vez mejor, hacer de la gestión de la visibilidad de sus títulos una obsesión, la cual empieza por el cuidado de los metadatos desde que el libro se incorpora al plan editorial, no termina ni cuando el título ya ha sido publicado y requiere basar la selección cuidadosa de su oferta de valor.

El informe no es solo un balance de daños: hay recomendaciones para la recuperación y una selección de ayudas estatales. En algunos países esta crisis se suma a las existentes, pero al mismo tiempo se señala una carencia del flujo de la información en el sector —otra de las carencias que se han revelado en este momento—, puede que la información de las ayudas y las recomendaciones no lleguen a todos los interesados. ¿Es otro objetivo prioritario reforzar nuestros canales de comunicación y fortalecer la recolección y análisis de datos?

Efectivamente, como se señala en el documento esta situación de emergencia ha puesto de manifiesto una carencia, que no es ni mucho menos nueva relacionada con la escasez de información sobre el sector editorial en dos frentes: mapeo y caracterización de los agentes del sector e informes periódicos sobre producción y ventas. Por ejemplo, se ha hablado mucho de la vulnerablilidad de las librerías, pero solo contados países saben cuántas librerías hay, qué tipo de librerías y cuál es su tamaño.

Los informes periódicos sobre producción y ventas resultarían muy útiles ahora mismo para tener estimaciones más fundamentadas de las pérdidas económicas que supondrá esta emergencia para los sectores editoriales de cada uno de los países, tal como lo hizo Manuel Gil en su blog a partir del informe Comercio interior del libro en España de 2018. En términos generales, contar con estadísticas actualizadas permite saber cuál es realmente la salud del sector editorial, identificar tendencias, diferencias entre los distintos subsectores y en una perspectiva más general, entender el lugar del libro en la sociedad.

El CERLALC ha insistido mucho en la importancia de hacer mediciones del sector. Los informes que hoy se hacen en países como Brasil, Colombia o México deben mucho a una guía metodológica que publicó el CERLALC en 2003. Recientemente, con la última edición de El espacio iberoamericano del libro 2018 se buscó sumar al análisis de los registros de ISBN de los países miembro del centro información relativa a la venta y consumo de libros, con el objetivo de que los hallazgos tengan un valor más práctico. Es indispensable que el sector en conjunto entienda que contar con más y mejor información redundará, en primer lugar en beneficio del negocio.

Los canales de comunicación entre el propio sector y entre este y los gobiernos deberán fortalecerse. Más que nunca es indispensable que el sector se entienda como tal, que se considere la conformación de un comité de crisis que pueda coordinar una estrategia integral. No menos importante resultará la complementariedad de los esfuerzos entre lo público y lo privado, de allí que en el documento se hayan planteado desde consideraciones sobre políticas públicas como compras gubernamentales, bonos de consumo cultural, créditos blandos hasta la implementación de campañas destinadas a la promoción del libro y de la lectura, de estrategias de micromecenazgo o el desarrollo de plataformas conjuntas de venta en línea.

Como en toda contienda hay heridos de distinta gravedad. La edición académica o la de libro de texto, aunque tocada, puede que no se vea tan dañada como la ficción o la infantil ¿Se vislumbra esto en el informe?

El informe no permite hacer esa distinción. La mayoría de las respuestas que obtuvimos fueron de actores del subsector de interés general —trade—. Por supuesto, esas son líneas de investigación en las que el CERLALC tendrá que ahondar más adelante, como bien dicen ustedes, las consecuencias no serán las mismas para todos.

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[13/05/2020 23:15:31]