El mundo editorial, un archipiélago II - El mapa
Adán Delgado, 22/07/2020
Segunda entrega de la visión de Adán Delgado del mercado editorial mexicano

La crisis no es nueva, no hay rastro en México de un continente editorial que incluya todas las dimensiones económicas y sociales propias de una industria cultural. El sector de las novedades, las superventas y la exploración de formatos digitales pareciera ser excluyente de los proyectos que prefieren la reedición de obras clásicas, la traducción de autores poco conocidos, la calidad y vanguardia del diseño editorial, la publicación de autores jóvenes y la atención de géneros poco vendibles. «No hay condiciones para hacer productivos los proyectos independientes» parece ser la frase tácita de los grandes capitales editoriales, mientras que aquellos no consolidan el fortalecimiento y apertura de mercados debido a la falta de estabilidad en los ingresos. El resultado es un círculo vicioso, un sector que no desarrolla su gran potencial porque todos actúan por su lado.

Gustavo Cruz, editor de Almadía cuenta por correo electrónico cómo lo vive en carne propia:

«El medio ha sufrido un abandono generalizado, las políticas públicas que permitan una competencia más justa en el mercado del libro son nulas y esto tiene como consecuencia un panorama en el que las iniciativas editoriales están atrapadas entre dos polos con tendencias monopólicas: el Estado y los grandes grupos transnacionales. Esto pone en grave riesgo el dinamismo y la pluralidad que caracteriza todo ecosistema cultural deseable. El páramo sin ley que es el mercado editorial nos ha hecho tomar actitudes de “sálvese quien pueda" y ha impedido que fructifiquen esfuerzos de organización gremial que representen el amplio abanico de intereses del sector.»

Por otro lado, los grandes consorcios editoriales están reforzando o adelantando sus proyectos en las posibilidades electrónicas del libro, el ebook, el audiolibro y han robustecido las ventas en línea con contenido digital y campañas de descuentos. El mercado del libro digital en México crece a pasos agigantados, nuestro país lidera las ventas de los contenidos digitales publicados en español con 18 % del total de las ventas en un mercado que creció 35 % en 2019 respecto al año anterior y que suma, así su sexto año consecutivo en alza, según el Informe Bookwire 2020.

El porcentaje de participación del libro electrónico en la industria editorial es mínimo, sin datos ciertos, se estima que menos de 10 % del total de ventas son libros digitales. Almadía, una editorial que lleva más de 15 años apostando por las jóvenes promesas y la innovación del libro como objeto se ha sujetado de este clavo:

«En nuestro caso, estos formatos han representado un modesto ingreso que nos ha ayudado a no quedarnos con las manos vacías durante estas duras semanas, pero es verdad que este medio ha demostrado cierto límite, sobre todo por la reticencia del público de adoptar estos formatos. Un impulso de autoconservación nos impele a buscar el aumento del flujo de ingresos a través de estos canales y esto nos hará tener un papel muy activo en la difusión del ebook y los audiolibros. Estos formatos tienen sus propias bondades, el difunto Claudio López Lamadrid supo ya verlo desde el punto de vista del editor, los ebooks permiten mantener vivo el catálogo que, de otra manera, debido a costos de producción y almacén resultaría imposible costear.»

Las librerías independientes son espacios especializados en alargar la vida de los libros en escaparate, fundadas y sostenidas por lectores apasionados, van agrupando su clientela a partir de la recomendación personal y el conocimiento de cada lector. Lectores que forman lectores o consumidores que atraen consumidores, si se prefiere ver así. Esta desperdiciada forma de marketing se enfrenta a las estrategias de los grandes sellos editoriales que han consolidado sus propios canales de venta en alianza con las librerías de cadena. En la guerra de promociones y descuentos las librerías independientes se ocupan de la subsistencia mientras se desperdicia su capacidad de apertura y fortalecimiento en mercados locales. Al respecto opina, desde su librería en Xalapa, Claudia Bautista, fundadora y directora de la Red de Librerías Independientes (RELI):

«Algo muy directo son los eventos que hacen algunas librerías: participaciones especiales en ferias, cuentacuentos, maratones y otros. Los libreros tienen un despliegue enorme de creatividad para llamar al público, este tipo de eventos logra apasionar a lectores, niños y adultos (…) Es una vía activa para generar lectores, sobre todo lectores habituales que compren un libro, lo terminen y busquen otro. Las librerías independientes formamos lectores intensivos, permanentes, apasionados.»

Estos generadores de clientes fieles cuentan con escaso capital y herramientas para profesionalizar su actividad, situación que los ha marginado del creciente mercado electrónico; continúa Bautista:

«El libro digital prescinde completamente de las librerías pequeñas, además la venta directa es muy nociva para todos los puntos de venta. Esta situación la hemos conversado con otros actores del ramo y nos preguntan qué podemos ofrecer para disminuir la venta directa; la realidad es que nuestra capacidad de inversión en lo técnico es muy baja, hay libreros consolidados de la RELI que manejan su stock con Excel, otros con notas manuales. Es un problema estructural, la librería es un negocio que no es viable en México.»

Con el cambio de régimen, el gobierno federal dejó de lado los subsidios a la edición privada y planteó una reconfiguración administrativa que centre los esfuerzos en el fomento de la lectura y el acceso al libro de los que menos tienen. Sin embargo, parece que sigue sin atender las necesidades de una industria que bien podría transformarse en una fuente de desarrollo sin perder sus propósitos educativos y culturales. Al respecto Gustavo Cruz tiene muy clara la propuesta:

«Un primer paso en este sentido sería la Ley del Precio Único, que le pondría un alto a la guerra de descuentos que asfixia a los pequeños proyectos y también la tasa cero, que permite una mayor maniobra fiscal y económica. En cuanto a las editoriales, política de fomento a la producción de libros y a su comercialización, como apoyo en transportación y aduanas, fomento a la venta de derechos, a la producción audiovisual basada en adaptaciones y aunque esto estará en suspenso mientras dure la pandemia, fomento de la exportación. El gran problema es que el gobierno ha tenido una actitud paternalista y no ha sabido ver en la cultura a un sector productivo de gran potencial para la reactivación de la economía.»

La visión de las librerías independientes no es muy diferente y ante ello Claudia Bautista comenta:

«Las autoridades de esta administración se han acercado a nosotros como ninguna otra, se han publicado pronunciamientos, pero ha faltado voluntad. La Ley del Libro y del Fomento a la Lectura está atorada desde hace un año en el Senado, las librerías no tienen la relevancia de otros temas que son prioritarios. Está pendiente aprobar y aplicar la ley y pensando en las librerías pequeñas, regular la competencia. Pese a lo que se dice del neoliberalismo, lo que ha primado siempre en la venta de libros es una competencia en la que manda el mercado y cuando manda el mercado lo que tenemos que ofrecer no tiene valor monetario.»


Adán Delgado es escritor, productor y conductor radiofónico. Colabora desde 2011 con el despacho O Redonda, ha participado en publicaciones de El Colegio Nacional, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo y la Universidad Veracruzana, entre otros. Produce y conduce el programa literario para jóvenes Central de Abastos en Radio y Televisión Veracruz.


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[22/07/2020 22:38:00]