«Hace falta una política cultural mucho más eficiente»
Adán Delgado, 02/09/2020
Adán Delgado entrevista a Gustavo Cruz, editor de Almadia

Gustavo Cruz
Gustavo Cruz
La editorial mexicana Almadía lleva más de 15 años en el mercado. Caracterizada por la innovación en el objeto libro, la publicación de autores contemporáneos consolidados y la búsqueda de voces y literaturas de países poco explorados en nuestro idioma ha enfrentado la crisis económica recurriendo al apoyo directo de sus lectores y a la vinculación con otras áreas de la cadena del libro. Como alcance al artículo que esboza un mapa del sector editorial mexican compartimos la entrevista completa con Gustavo Cruz, filósofo y editor de Almadía desde 2014, en la que comparte el panorama para esta editorial fundada en la ciudad de Oaxaca y su perspectiva sobre el libro en México.

El ecosistema en el que han nacido y crecido muchas editoriales independientes mexicanas está en crisis ¿cuál ha sido la reflexión al respecto y, en consecuencia, cuáles modelos de producción y distribución han aparecido como opciones ante esta coyuntura?

En efecto. Aunque vale la pena recordar que la crisis es universal y lo que está puesto en duda es si, como sociedad es sostenible seguir haciendo las cosas como antes. Pero sí, en nuestro medio las amenazas son de orden existencial. Por supuesto que esto ha dado pie a análisis y reflexiones. Primero, algo que ya sabíamos: el medio ha sufrido un abandono generalizado, las políticas públicas que permitan una competencia más justa en el mercado del libro son nulas y esto tiene como consecuencia un panorama en el que las iniciativas editoriales están atrapadas entre dos polos con tendencias monopólicas: el Estado y los grandes grupos transnacionales. Esto pone en grave riesgo el dinamismo y la pluralidad que caracteriza todo ecosistema cultural deseable. El páramo sin ley que es el mercado editorial nos ha hecho tomar actitudes de “sálvese quien pueda” y ha impedido que fructifiquen esfuerzos de organización gremial que representen el amplio abanico de intereses del sector, pero, además, la verdad es que somos unos románticos y esto nos ha hecho aferrarnos a dinámicas que de momento son insostenibles y tardarán en poder regresar al ritmo pre-pandemia. En nuestro caso, por ejemplo, habíamos retrasado muchísimo el entrar de lleno al comercio digital, ya sea venta en línea o de formatos digitales, canales que hoy nos han permitido sobrellevar la crisis. No nos resuelven todos los problemas, pero sin ellos quién sabe dónde estaríamos. Así que es muy probable que en el futuro nos enfoquemos en estos tres frentes: una aproximación y negociación de orden gremial, una mayor apuesta por formatos digitales (ebook y audiolibros) y la venta en línea (sobre todo mediante librerías, con quienes hemos entablado convenios que han resultado fructíferos).

Logrando sortear la crisis ¿qué perspectiva tienen a mediano y largo plazo?

La incertidumbre es aún considerable, pero estaremos muy atentos a cualquier cambio que pueda producirse en términos de políticas de movilidad y aforo. Nuestros dos principales canales de venta: las librerías y las ferias verán modificadas sus dinámicas de manera considerable en un periodo de por los menos un año más, así que nos enfocaremos en mantener una prudente flexibilidad para estar listos ante cualquier cambio en estos ámbitos. A largo plazo es difícil compartir una estrategia precisa, sin embargo, en el mediano plazo hemos echado a andar una ampliación de nuestra campaña Dependientes de Lectores, en la que las librerías tengan un papel protagónico. Este segundo impulso consiste en una reducción del precio de todos nuestros libros en 20% durante lo que resta del año. La esperanza es que esta baja de precios ayude a mantener un flujo constante de lectores que acudan a sus librerías favoritas a comprar nuestros libros a precios más accesibles. Es nuestro pequeño granito de arena a la cadena del libro en este periodo tan incierto y es también un gesto de agradecimiento a todas las personas que nos ayudaron durante las semanas críticas de la crisis. La reducción se mantendrá lo que resta del año.

Aunque el crecimiento del mercado del libro electrónico es constante sigue representando un porcentaje muy bajo del mercado total del libro en América latina ¿Debería las editoriales independientes promover el libro electrónico para crear nuevos públicos o llevar hasta allí a los que ya existen?

No creo que estemos en posición de decir qué deberían hacer o no las demás editoriales independientes. En nuestro caso estos formatos han representado un modesto ingreso que nos ha ayudado a no quedarnos con las manos vacías durante las semanas más duras de confinamiento. Pero es verdad que este medio ha demostrado cierto límite, sobre todo por la reticencia del público de adoptar estos formatos. Un impulso de autoconservación nos impele a buscar el aumento del flujo de ingresos a través de estos canales y esto nos hará tener un papel muy activo en la difusión del ebook y los audiolibros. Estos formatos tienen sus propias bondades, el difunto Claudio López Lamadrid supo ya verlo: desde el punto de vista del editor, los ebooks ayudan a mantener vivo el catálogo, cuya circulación permanente resultaría imposible de costear debido a costos de producción y almacenaje. Desde la perspectiva del lector, este formato también trae sus propios beneficios, pues es bastante más conveniente en términos de transportación y de almacenamiento (tomando en cuenta la reducción de los espacios de vivienda, la bibliofilia se ha vuelto ya un lujo difícil de sostener para el grueso de la población) y además, hace mucho más accesibles ciertos títulos, pues en promedio un libro electrónico es entre 20 y 40 % más barato que el ejemplar físico. Sin embargo, Almadía en especial y los editores independientes en general tenemos una gran fe en el libro como objeto y en la experiencia corporal de la lectura en papel. Así que en ningún momento se ha pensado sustituir a este como nuestro principal medio de trabajo.

Almadía ya estaba editando una colección de libros a precios más accesibles antes de la pandemia ¿cuál es la perspectiva de esta ruta en la producción editorial independiente? ¿Es entonces el acceso al libro una cuestión de precio?

Aquí nos encontramos con una paradoja, pues precisamente este interés de la edición independiente en la materialidad del libro como una característica que se busca potenciar dificulta muchísimo la reducción de costos de producción. Hay que tomar en cuenta otros factores que influyen de manera negativa en esto, como el hecho de que el papel sea importado casi en su totalidad, lo que hace que dependamos muchísimo del tipo de cambio del peso frente al dólar. El sector del libro es una industria y así lo ha sido desde la introducción en occidente de tecnologías de impresión masiva por parte de Gutenberg, así que entran en juego factores macroeconómicos que escapan de las manos del editor. Aquellos que buscan eludir esto como un gesto de resistencia y se recluyen en ediciones artesanales (preciosas, cabe mencionar) terminan produciendo artículos de lujo casi aristocrático. Claro que nos encantaría que nuestros libros fueran baratísimos, pero tenemos que cumplir con otros compromisos que, en las condiciones actuales nos impiden rebajar costos: ediciones de calidad, libros atractivos como objetos, pago justo y trato de proximidad con los autores.

Es imposible negar que en un país con tanta desigualdad el factor económico no sea determinante al momento del acceso a la producción editorial: gran cantidad de gente que quisiera leer renuncia muchas veces este placer por falta de dinero y también de tiempo, pero la riqueza no garantiza el consumo de libros, incluso parece ser todo lo contrario. Lo que hace falta es una política cultural mucho más eficiente.

Un mercado reducido para las editoriales independientes está relacionado, entre otras cosas, con la precariedad de la educación lectora. Aunque una novela, un cuento o un poema editado por una editorial independiente puede ser de interés para un lector no especializado, ese contenido no está en el espectro de ese lector en potencia y mucho menos lo adquiere. ¿Hay algo que las editoriales independientes podrían hacer al respecto?

Las editoriales independientes hacemos ya todo lo que podemos respecto a esto. Mucho se dice sobre que somos la parte más creativa del sector y si esto no es mentira es porque tenemos claro que gran parte de nuestro trabajo es la formación de públicos, es por ello que acompañamos todos nuestros lanzamientos y esfuerzos comerciales con un duro trabajo de difusión: presentaciones, contenido web, lecturas, concursos, entre otros.

En otras latitudes sigue sorprendiendo la participación del estado mexicano en la industria del libro ¿cómo debería ser el papel del gobierno en la industria editorial a partir de los nuevos escenarios que planteará la pandemia?

Lo más inmediato es el apoyo económico en esta crisis, pero no debe reducirse a esto. La gran deuda del estado con el sector editorial es una legislación que permita una competencia justa entre los actores del sector. En términos de la venta, debe garantizar una competencia equitativa entre pequeñas librerías, aquellas que tienen un alcance comunitario, barrial y que son las que están desapareciendo a un ritmo alarmante, y las cadenas de alances más amplios. Un primer paso en este sentido sería la Ley del Precio Único, que le pondría un alto a la guerra de descuentos que asfixia a los pequeños proyectos (y que hoy por hoy beneficia irremediablemente a verdaderos colosos como Amazon), además de la tasa cero a librerías, que permite una mayor maniobra fiscal y económica. En cuanto a las editoriales, mi lista de deseos se compone de una política de fomento a la producción de libros y a su comercialización, como apoyo en transportación y aduanas, fomento a la venta de derechos y a la producción audiovisual basada en adaptaciones y aunque esto estará en suspenso mientras dure la pandemia, fomento a la exportación. El gran problema, a mi parecer es que el gobierno ha tenido una actitud paternalista y no ha sabido ver en la cultura un sector productivo de gran potencial para la reactivación de la economía.

¿Cómo la nueva política pública del libro ha afectado a las editoriales independientes? Partiendo del principio de austeridad del gasto público ¿cómo podría construirse una estrategia coordinada con el gobierno?

Muchísimo, pues los presupuestos de cultura, a los que accedíamos muchas veces gracias a convenios de coedición, básicamente se extinguieron. Los esfuerzos coordinados podrían ubicarse en programas de difusión de la lectura, adoptando títulos de sellos independientes en lugar de imprimir y distribuir ellos mismos.

¿Cuáles son los valores esenciales de la campaña Dependientes de Lectores?

Hacer consciente al lector de que para que un libro llegue a sus manos, muchas personas depositan su tiempo y esfuerzo en distintos pasos de la cadena de producción de un libro: ponerle rostro a esos actores y dejar en claro que, ante la crisis el sustento económico de esas personas está en riesgo. Es por eso que la alianza se dio entre estos tres sellos (Almadía, Era y Sexto Piso) muy afines en términos de tamaño de catálogo y plantilla laboral, pues fueron a los que la emergencia se les presentó de manera más inmediata y dramática.

La respuesta ha sido muy buena y ha hecho evidente que hay toda una comunidad que nos apoya, que cree en nuestro trabajo y que sobre todo lee y valora los libros que publicamos.

Puedes leer este artículo gracias al patronazgo de Podiprint.
[02/09/2020 22:22:39]