Máquinas como tú ─ Un texto sobre narración de audiolibros
Antonio Hermida, 06/11/2020
En su primer artículo escrito para PublishNews, Antonio Hermida cuestiona quién (o con qué fin) sirve la defensa de la narración «plana» en los audiolibros

* Este texto no refleja necesariamente la opinión de PublishNews. Este es mi primer texto publicado aquí en PublishNews y antes de comenzarlo quería hacer dos observaciones. La primera es que este texto tiene como principal intención abrir espacio para un diálogo sobre el audiolibro y las múltiples visiones que dan vida a este producto en Brasil, ya sea de narradores, directores, estudios, editores, artistas, etc.*

La segunda observación es que este es un texto opinativo y especulativo, por lo que no hablo en nombre de Storytel.

Los principales tipos de narración

Es notorio que hay innumerables técnicas y formas de contar una historia. Sin embargo, cuando nos ocupamos específicamente de la narración de los audiolibros podemos separarlos en dos grandes grupos: la narración interpretada y la narración plana. Entre ellos hay un mar de matices y aunque seamos reduccionistas todavía habrá espacio para la transgresión de la forma. Bueno, con suerte.

Incluso antes de la voz hay una pauta básica sobre la narración de un audiolibro y se basa en la pregunta, por parte del candidato, que precede al casting: «¿Cómo quieres que lo lea?»

Una parte considerable del mercado de producción de audiolibros adopta como norma la narración plana, que consiste en una lectura monótona (en su sentido musical) cadenciada exclusivamente por la puntuación y sin los cambios rítmicos que sugiere el contenido.

Para que quede claro, no veo ningún problema en optar por una narración plana siempre que esta elección se base en preferencias estéticas. Sin embargo, me siento algo incómodo con la justificación de este estilo de narración tratando de basarse principalmente en los siguientes factores:

1. La elección se basa en la teoría de que las palabras leídas de esta manera (en plano) generan imágenes acústicas mentales y construcción de sentido similar a la lectura, permitiendo al oyente experimentar su propia voz y ritmo sin la contaminación generada por el énfasis, etc.

Este argumento, además de ser contradictorio en sí mismo no tiene evidencia científica que lo apoye. Incluso la lectura en sí, cuando se coloca entre el papel y la pantalla no es interpretada de la misma manera por el cerebro, que con alguien que lea. Y quien dice eso es Maryanne Wolf en el libro Lector, vuelve a casa (Deusto). En fin, un argumento insostenible.

2. Cuando se dice que la narración plana es una opción conceptualmente segura, ya que se minimizan y homogeneizan las características personales que podrían causar una extrañeza inicial, como el acento.

Me gustaría detenerme un poco en este segundo punto porque contiene varios subtextos.

Pensemos por un momento a quién (o con qué fin) sirve esta pasteurización.

Siguiendo la lógica propuesta por Sennett en el libro La corrosión del carácter (Anagrama) en última instancia todas estas tendencias se ajustan a los modelos económicos y de mercado vigentes y son conformadas por ella, la economía.

Así, y siguiendo el modelo de automatización presente en todo veo la narración plana como una tendencia impuesta de manera sutil ─pero no tanto─ por las Big Tech para colonizar también la narración a través de la posibilidad de leer directamente por sus asistentes de voz, eliminando así del proceso la necesidad de un ser humano, sus inconvenientes como la necesidad de repeticiones, la inconsistencia del rendimiento, los retrasos, los problemas de salud y las agendas conflictivas. Esta es la tesis de Evgeny Morozov en el libro Capitalismo big tech (Enclave de Libros Ediciones). Ah, además, por supuesto de que hay que pagarles...

Esto me parece bastante coherente si miramos hacia atrás en los últimos cinco años y observamos la evolución de los sistemas de lectura de TTS (texto a voz) y vemos casos como el de los grupos editoriales que han demandado a Amazon por infringir directamente el derecho de autor de las obras de forma inversa pero análoga, en el que el audio se transcribe para que los oyentes puedan leer en lugar de escuchar, esto, obviamente, sin ningún tipo de comunicación a los titulares de los derechos de las obras impresas.

En un futuro próximo es muy probable que los asistentes de voz puedan atribuir al texto intenciones que vayan más allá de las impuestas por la puntuación y esto se anunciará sin duda como algo revolucionario, una gran cosa «que cambiará la forma en que se escuchan los audiolibros», una verdadera mejora de las monótonas narraciones planas, y todo esto sucederá con mucho menos alboroto que cuando los tonos mp3 sustituyeron a los polifónicos, pero el punto es que estos asistentes inteligentes reemplazarán a la gente que podía contar historias de una manera mucho más rica, pero el patrón, mira, era plano.

Una vez más, reitero que no veo nada malo en optar por la opción menos arriesgada, es decir, una narración plana, por una cuestión de gusto. Bueno, e incluso si me importase ¿qué significaría eso para ti al final del día? Probablemente muy poco o nada.

Sin embargo, ya que estoy aquí y me propuse reflexionar un poco sobre estos temas, defiendo mi punto de vista. Y como oyente de audiolibros creo que el producto entregado se vuelve más atractivo cuando se piensa en ello de manera individual, como en el caso de los libros. Parece obvio, ¿verdad?

Optar por una narración interpretada desautomatiza gran parte de la obra haciéndola única en sus peculiaridades. Es una opción llena de inconvenientes, que exige el estudio previo de la obra, la elección de voces adecuadas, la preparación de un brief, un cuidado extra en la revisión, como, por ejemplo, prestar atención a la posibilidad de que las voces de los personajes se hayan mezclado por distracción o incluso si se contemplan los cambios vocales que pide el texto, como en el caso de un narrador que mantiene el tono grave de la voz de un personaje en el que el texto dice «"¡Ah, no!", habló con la voz apagada y temblorosa». Cosas así.

En resumen, la opción de la interpretación exige una serie de elecciones por parte del narrador y del director, al menos si he entendido bien lo que Paul Valéry propone en Teoría Poética y Estética (VIsor).

© Brett Jordan / Unsplash
© Brett Jordan / Unsplash

Dice algo así: las obras del intelecto, como los objetos artísticos, se constituyen a partir de la suspensión y la eliminación. La mente, o el intelecto, por así decirlo, está ahí, todo el tiempo, activa, flotando sobre los millones de posibilidades que componen todo nuestro ser, recuerdos, imaginaciones, visiones, sueños, pensamientos, etc., en resumen, cuando no estamos enfocados en nada específico, estamos sobre todas las posibilidades que tenemos. A partir de ahí, nos centramos en materializar algo, comienza la tortura y el trabajo y en cada inmersión en este mar de posibilidades volvemos a la superficie con una palabra, un acorde, una pincelada y cada elección elimina todas las demás, en cada inmersión, en cada respiración, una nueva elección que, de nuevo, significa eliminar todas las demás y a partir de esas eliminaciones, el trabajo con sus intenciones artísticas se va lapidando.

Contar historias es un logro artístico ancestral, quizás uno de los primeros y sin duda anterior al arte mismo

La oralidad y sus tradiciones tienen, aún hoy una importancia incuestionable como cuna y depositaria de nuestra memoria colectiva, individual y familiar llevando a lo largo de la historia una parte considerable de este cúmulo de conceptos e ideas que representan lo que llamamos ser humano y como respondió Nick Cave sobre el cuestionamiento de que las IA son capaces de componer música mejor que los seres humanos, estamos aún lejos de tener una IA capaz de crear y emular el bagaje de insuficiencias que nos constituyen. Sostiene que cuando escuchamos una canción, oímos las elecciones y la trayectoria de esa persona y dice más:

«Lo que estamos escuchando en realidad es la limitación humana y su osadía de trascenderla. La Inteligencia Artificial, con su potencial ilimitado, simplemente no tiene esa capacidad. ¿Y cómo sería? Esa es la esencia de la trascendencia. Si estamos dotados de un potencial ilimitado, ¿qué hay que trascender? Y antes de eso, ¿cuál es el propósito de la imaginación, a fin de cuentas?»

La intención y el esfuerzo del artista no dicen (o no deberían decir) nada al público. Todo el proceso mental, los detalles y circunstancias sobre la producción de la obra o volviendo a nuestro caso, sobre la narración de la obra son invisibles para el receptor. Por lo tanto, decir que el actor Gustavo Falcão, por ejemplo se obsesionó con la autobiografía de Dom Gurgel ─Agonía de un padre casado, narrada por él en su versión de audiolibro─ o no, no cambia el hecho de que narró su muerte como en un trance febril de un moribundo (extracto del audio, en portugués, aquí). Y vean, se trata de un libro de memorias, no de un texto de ficción. Cuando hablé por primera vez de la posibilidad de transgresión, pensaba en esta narración.

En vista de esto, mi opinión sobre este tema es bastante simple e ideológica: no creo que los seres humanos deban leer como máquinas, solo para que las máquinas puedan fingir leer como seres humanos.


* Antonio Hermida ha estado trabajando en el desarrollo de libros digitales desde 2009, ha trabajado en Zahar, Cosac Naify, SESI/SENAI-SP. Como consultor ha trabajado directamente en los departamentos de desarrollo de proyectos, formación, catálogo y digital en varias editoriales. Actualmente es un planificador de producción en Storytel Brasil. Conoce más sobre Hermida.

* El texto fue publicado originalmente en portugués el 5 de noviembre de 2020 en Publishnews.com.br


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[06/11/2020 18:28:46]